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Gritaron, saltaron, le pusieron el nombre a una plaza... por un gol que no valió para nada© hoy.es

Gritaron, saltaron, le pusieron el nombre a una plaza... por un gol que no valió para nada

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Sucedió el 21 de junio de 1978 durante el Mundial de fútbol celebrado en el país sudamericano. Austria había pasado a la segunda fase como primera clasificada del Grupo 3 por delante de Brasil, España y Suecia (las dos últimas, eliminadas). En vez de enfrentamientos directos, el sistema de competición de la FIFA diseñaba entonces dos nuevos grupos de cuatro equipos, cuyos respectivos campeones jugaban la final.

Tras perder ante Países Bajos e Italia en esa segunda fase, la selección austriaca no tenía nada que hacer cuando se presentó a jugar aquel miércoles de junio, primer día de invierno oficial en Argentina, en el estadio de Córdoba (renombrado Mario Alberto Kempes en 2010). Su rival, Alemania (entonces Alemania Federal), en cambio, debía empatar para sellar la segunda plaza e incluso, caso de victoria holgada, tenía remotas opciones de plantarse en la gran final de Buenos Aires.

La todavía campeona del mundo desde 1974 aspiraba a obtener el billete para luchar al menos por subir al podio del Mundial. Austria afrontó el choque con el orgullo herido tras 47 eternos años sin un solo triunfo ante su poderoso vecino.