© hoy.esEl reloj habla por Evenepoel y elimina a Lipowitz y a Ayuso
Excesivo tanto en los días malos como en los buenos, en la contrarreloj es implacable. Se enfunda el mono blanco con las cinco franjas coloreadas en el pecho, sinónimo de campeón del mundo de la disciplina, el casco aerodinámico, se aprieta las zapatillas y se convierte en un monstruo depredador. Devora cada uno de los 26 kilómetros que separan Evian de Thonon-les-Bains si se da un rodeo por las colinas y no por la orilla del Lago Lemán, frontera majestuosa con Suiza y los Alpes, que coopera para que el corredor del Red Bull luzca espléndido sobre la bicicleta.
La especialidad contra el reloj es una lucha salvaje en la que conviene seguir recomendaciones idénticas a las que imprimen los que viven para decir cómo sobrevivir al ataque de un oso o un jabalí. Mantener la calma, moverse lo menos posible y no realizar movimientos bruscos. Salvo con las piernas, claro está. Los muslos y los gemelos con el motor de Evenepoel, que sabe potenciarlos con su coraza. Agachado sobre el manillar, con los brazos juntos, el cuerpo rígido como una estatua.
Completa así el recorrido en que firma su cuarta victoria en el Tour, la tercera contrarreloj. Las diferencias hablan bien de su superioridad en la disciplina. 28 segundos a Pogacar, su único rival. Al resto, más de un minuto. Salvo hecatombe, tiene el podio asegurado. Y asciende un peldaño. Del tercer puesto de 2024 a ser segundo. Ocupa el espacio del lesionado Vingegaard, ya en casa tras su fractura de clavícula.