6Foto© elcorreo.comSan Mamés recupera la sonrisa
El fútbol es inescrutable y ahí reside precisamente su grandeza. Si gusta tanto y a tantos es porque nunca sabes qué vas a ver ni qué va a pasar. Los parroquianos de la catedral se acercaron por segunda vez este curso a su templo, animados por la imagen de su equipo una semana antes, pero todavía con el recuerdo de la tremenda decepción que sufrieron en el estreno, cuando un Sevilla menor le pintó la cara al Athletic.
Y la visita del Atlético de Madrid no se anunciaba precisamente como la más oportuna para redimirse de nada. A sus fieles les gusta definirle como el equipo del pueblo, en contraposición con el rico y poderoso vecino blanco. Será el equipo del pueblo, pero de un pueblo grande, muy grande, uno de esos en los que habitan los fondos de inversión americanos que cuentan los millones como calderilla. Simeone, en su impostada humildad, dispone de una nómina de futbolistas capaz de aspirar a ganar cualquier competición.
Esta vez Terzic no agitó la coctelera y volvió a confiar en los que ganaron en Balaídos, solo con un par de novedades: las entradas de Yeray y Nico Williams por Paredes y Berenguer, y vimos a un equipo reconocible en sus virtudes y sus defectos. Bravura y derroche físico para presionar y errores de bulto en algunos lances en terrenos en los que no suele ser aconsejable equivocarse.