
El gasto social en España corre serio riesgo con el rearme
A nuestro presidente del Gobierno no le gusta el rearme de Europa. Insólita posición cuando no ha hecho asco alguno a contar en el Gobierno con los que han colaborado con los sátrapas más abyectos que no han dudado en utilizar la violencia contra su propia población (léase Irán, Rusia, Cuba, Venezuela…) o a santificar alianzas parlamentarias con los sucesores de quienes han asesinado a conciudadanos.
Tampoco parece que el presidente haya hecho mucho caso al Libro Blanco de la Comisión y la alta representante para asuntos exteriores y seguridad de la UE, en el que se describe cómo Europa tendría que afrontar el horizonte de 2030 en materia de defensa. Ni al Proyecto de Reglamento del Consejo que establece el SAFE (Acción de Seguridad para Europa) dirigido a reforzar la industria europea de defensa.
Lo digo porque, cada vez que intenta explicar cómo abordar la defensa europea, da la impresión de que nuestro presidente quiera hacerlo sin armas, cosa muy loable pero muy poco efectiva en el contexto actual, en el que se están diluyendo las estrategias diseñadas tras dos conflagraciones mundiales y largos años de Guerra Fría, que se habían configurado precisamente para evitar que tales adversidades se repitan.