2Foto© hoy.esEl Ejército de Tierra desvela los 6 principios que unen a sus soldados: no es lo que muchos creen
Había una época en la que los principios eran sólidos. ¡Qué principios aquellos! El de Arquímedes, por ejemplo. He ahí un principio incontestable, férreo, en ... el que uno puede confiar. Según el principio de Arquímedes, sabemos con total seguridad que si María Guardiola se zambulle de pronto en una piscina recibirá un empuje hacia arriba igual al peso del agua que desaloje.
Gracias a ese principio, navegan los veleros, flotan los yates y llegan a Venecia cruceros grandes como catedrales. El teorema de Pitágoras también ofrece bastante seguridad. Resulta tranquilizador saber que, aunque a Trump se le vaya la pinza del todo, la suma de los cuadrados de los catetos seguirá siendo igual al cuadrado de la hipotenusa.
Los principios de ahora, sin embargo, son dudosos y acomodaticios, líquidos, inciertos. Cojan ustedes el principio de prioridad nacional, que parece muy rotundo pero tiene tantos significados como intérpretes. Los pactos de gobierno ya no son programas concretos y medibles, sino guiones para una tertulia. ¡Qué fecunda polisemia la de ese principio!