8Foto© ideal.esEl día que nos devolvió el miedo
Pero la pregunta es por qué Cristo se posiciona de manera tan frontal contra el temor que turba el corazón de una persona. ¿Acaso atenta contra la salud del alma? No tiene sentido. Y, además, según estudios antiguos y recientes en el área de la psicología, el miedo se presenta como algo positivo, ya que durante tiempos inmemoriales ha sido el mecanismo de defensa natural más eficaz en la supervivencia de la humanidad. ¿Entonces?
Hay un matiz. Jesús nunca ridiculizó a quienes sentían miedo. Al contrario, les brindó su apoyo para reconducirlos, pues esta sombra tiene la potestad de eclipsar nuestro juicio y la propia voluntad. Y es que, como apunta la ciencia de la psique, el miedo descontrolado no solo cambia la conducta, sino que también transforma la interpretación de la realidad, llegando, incluso, a poner en peligro nuestra propia vida. Algo que nuestro Señor sabía muy bien.
Seis siglos antes, Esopo alumbró esta realidad con una de sus fábulas. Contaba el literato griego cómo un grupo de vacas se sublevó en una granja, debido a que, semana tras semana, observaban impotentes cómo alguna de sus hermanas moría a manos del carnicero. La más joven amotinó a sus compañeras contra aquel matarife. «¡Somos más numerosas! ¡Hagamos alianza común y acabemos con el tirano!», dijo entre aplausos y lágrimas de emoción.