
Los aranceles desafían el auge exportador
Los ingredientes de la poción mágica para hacer América grande de nuevo ya son conocidos: aranceles, bajadas de impuestos y desregulación. Es la fórmula para reducir el fuerte déficit comercial con países como China e impulsar la producción nacional. Por lo pronto, Donald Trump no ha perdido el tiempo y ha anunciado en sus primeros días de mandato aranceles a México, Canadá y China. Pese al estilo errático que le caracteriza –en los dos primeros casos ha concedido un tregua de 30 días–, ha demostrado que va en serio con una de sus medidas estrella.
El mensaje ha llegado a la UE y a España, que ya se preparan para conocer su penitencia en lo que algunos economistas califican como tiempos de slowbalization . Los nuevos aranceles pondrán a prueba uno de los vectores que explican el actual éxito económico español, el de las exportaciones. A falta de concreción de las medidas que están por venir, la incertidumbre gira en torno a los efectos directos e indirectos del nuevo proteccionismo estadounidense y a la necesidad de explorar mercados alternativos.
El asunto preocupa al Gobierno, que ya afina el discurso ante el imprevisible inquilino de la Casa Blanca. “Con las cosas del comer no se debe jugar”, dijo esta semana su presidente, Pedro Sánchez, en un encuentro con empresarios de la alimentación. Lo hizo aludiendo a lo que se viene encima, un “choque comercial” con Estados Unidos.