2Foto© libertaddigital.comEl debate sobre la inversión en infraestructuras entra en fricción con la reforma de la financiación autonómica
En las primeras clases de mis cursos sobre finanzas personales siempre alerto a los alumnos sobre lo que podríamos llamar el "gasto de segundo orden" o "gasto derivado": es decir, las compras que hacemos que nos llevan a gastos posteriores.
El ejemplo más típico es el coche (seguro, reparaciones…) o la vivienda (puedes pagar la hipoteca de ese chalet tan chulo que deseabas; pero lo que no tenías en la cabeza era el jardín, el seguro, la reparación del tejado…). Muchas familias acaban entrampadas no tanto porque no hicieran las cuentas con el precio antes de la compra, como porque no midieron dónde terminaría el día a día.
Morgan Housel (posiblemente el mejor autor en estos temas de la última década) da un paso más en "El arte de gastar bien". En su caso, señala una tipología especial de este tipo de gastos que traen cola: lo llama "la deuda social".