© hoy.es‘Boreout’, la nueva epidemia laboral que desbanca a la del trabajador quemado
Manuela Pozo, profesora de Recursos Humanos en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), explica que una de las claves de esa desmotivación prolongada y de consecuencias funestas es «no tener un propósito, un objetivo». Sentir que nuestro trabajo tiene una utilidad para nosotros, para la empresa o para la sociedad nos apega a eso a lo que dedicamos tantas horas. En los oficios más vocacionales esto viene casi de serie, pero en el resto... poner coto al tedio es un auténtico problema.
Ahora bien, es importante distinguir el aburrimiento o la simple monotonía de esta desmotivación crónica y persistente que «condiciona e impacta en los resultados». En esta última, la manera de ser de cada uno juega un papel destacable: hay quien se emociona con cada pequeña tarea y quien no le ve la gracia a casi nada. «Las condiciones del trabajo y la gestión de las expectativas del trabajador afectan mucho. Las organizaciones deben intentar sacar lo mejor de las personas», señala la docente.
Dar un propósito al empleado, que sepa que su misión tiene sentido y vale la pena, es muy útil para motivarle y si, además, está alineado con los propios valores de esa persona, miel sobre hojuelas. «Estas dimensiones tienen cada vez más valor en los últimos años. Incluso, hay algunos que las valoran por encima de las condiciones laborales que se ofrecen. Son aspectos que antes no se tenían tanto en cuenta y ahora sí, como la posibilidad de conciliar, que también se pone en la balanza a la hora de elegir un trabajo y a la hora de optar a un puesto», continúa.