Sinner se salva por la regla del calor© hoy.es

Sinner se salva por la regla del calor

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Jannik Sinner puede respirar tranquilo. Se salvó. Cuando el calor más golpeaba en las pistas azules de Melbourne y él apenas podía moverse por los calambres, el juez de silla paró el partido. El calor era tan extremo que las nuevas reglas implementadas hace apenas unos meses obligaban a suspender el juego hasta que el tiempo mejorase. 40º marcaba el mercurio cuando Sinner, 3-1 abajo en el tercer set después de perder el primero y ganar el segundo, se fue a vestuarios.

Eliot Spizzirri no se lo podía creer y ladeaba la cabeza al tiempo que mostraba una sonrisa irónica. La fortuna no había estado de su lado y, de hecho, la regla se había aplicado correctamente. De poco podía quejarse. Cuando el juego se reanudó, ya más cerca de los 30 grados que de los 40, Sinner no dio opción, ganó once de los siguientes 16 juegos y acabó con el partido (4-6, 6-4, 6-4 y 6-4).

«He tenido suerte», admitió Sinner en el día más caluroso en Melbourne. La organización tuvo que iniciar la jornada media hora antes para tratar de paliar el efecto del sol y los jueces de silla avisaron a los jugadores de que si se cumplían el nivel cinco en la escala de calor, que se calcula midiendo la fuerza del sol, la humedad, temperatura del aire en la sombra y la velocidad del viento, los partidos se tendrían que parar y además se cerraría el techo de la Rod Laver, otro beneficio más para el dos veces campeón en Australia.