6Foto© larazon.esRusia, en la zona de la muerte
A medida que la guerra de Rusia contra Ucrania entra en su quinto año, la economía que la sostiene se ha transformado de maneras que serán difíciles –quizá imposibles– de revertir sin otra crisis. En Occidente se sigue esperando que la economía rusa se derrumbe. No lo hará. Pero tampoco se recuperará. Ha entrado en lo que los alpinistas llaman la zona de la muerte: la altitud por encima de los 8.000 metros, en la que el cuerpo humano se consume a sí mismo más rápido de lo que puede repararse.
La economía rusa está atrapada en lo que podría describirse como un equilibrio negativo: se mantiene en pie mientras destruye de forma constante su propia capacidad futura. Los ingresos por exportaciones están cayendo y la debilidad económica impide cubrir los agujeros presupuestarios con mayor recaudación fiscal. La economía creció apenas un 1% en el 2025. La previsión para este año es peor.
En los últimos cuatro años, la economía rusa se ha bifurcado en dos sistemas metabólicos distintos. El primero lo componen las industrias militares y afines: los órganos vitales que reciben prioridad en el flujo sanguíneo. Estos sectores están contratando e invirtiendo. Tienen acceso prioritario a mano de obra, capital e importaciones. El segundo sistema incluye todo lo demás: empresa privada, pequeñas compañías, industrias de consumo. Son las extremidades que quedan a la intemperie.