© hoy.esLa toxina que confunde el frío con el calor y trae de cabeza a los pescadores canarios
Su incidencia aún es limitada, pero suficiente como para empujar investigaciones científicas y un protocolo de vigilancia. La profesora de la Universidad de Vigo Ana Gago-Martínez lleva años estudiándola y ha presentado sus avances en Tenerife durante la jornada de clausura del VIII Encuentro de los Mares. «De momento no hay motivos para la alarma, pero sí para ofrecer información», tranquilizaba.
Las ciguatoxinas son compuestos naturales producidos por microalgas marinas. ¿Cómo llegan a nuestro cuerpo? Primero las consumen pequeños peces herbívoros, luego sus depredadores y, finalmente, el ser humano. A diferencia del anisakis —que es un parásito vivo, no un compuesto químico— no hay forma de detectarla a simple vista, y ni congelar ni cocinar elimina la toxina. La mayoría de los casos se han dado tras comer ejemplares de medregal, mero, pejerey o abade.
Los síntomas suelen aparecer pocas horas después de comer el pescado: náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal. También pueden aparecer picores —que aumentan con el consumo de alcohol—, sudoraciones intensas, temblores o un sabor metálico persistente. Pero el síntoma más característico y más desconcertante es que la percepción del frío y el calor se invierte. Aunque rara vez es mortal, en casos severos puede requerir hospitalización.