La muerte de Juan Ramón Ferreira conmociona a Granada7Foto© larazon.es

La muerte de Juan Ramón Ferreira conmociona a Granada

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La noticia se atragantó en mitad de la cena y ya no hubo manera de probar bocado. «Ha muerto Juan Ramón Ferreira, concejal de Cultura de Granada». Quedaban minutos para las uvas y el feliz año nuevo. «No puede ser», se respondía una y otra vez a los mensajes que iban y venían. «No puede ser», se escuchaba por las calles de la ciudad como campanazos de la catedral. Así pusimos el pie en 2026, con el corazón en un puño y los ojos tapados.

Al despertar, parece que el 31 de diciembre fuera una fecha lejana y cruel. «Estuve con él». «Charlé con él». «Nos mandamos un mensaje». «Nos vimos por la mañana». Y de repente, puf, un chasquido para el que nada ni nadie está nunca preparado, por más que la vida sea eso, una canasta que cambia el sentido del partido.

A las 13.47 horas del 1 de enero de 2026, bajo el enorme portón del Ayuntamiento, en pleno corazón de Granada, un niño lloraba la muerte de su abuelo. Con el cielo nublado y un frío sigiloso, el niño agarró firme la mano de su madre y miró a todas partes, desconcertado, rodeado por cientos de desconocidos. Cuando el féretro salió del coche fúnebre, un aplauso resquebrajó el silencio de la Plaza del Carmen y el niño, que parecía mayor que ayer, cerró los ojos. Su abuelo, el concejal Juan Ramón Ferreira, era un tipo querido. Muy querido.