© laverdad.esFeijóo se receta paciencia convencido de que el desgaste del PSOE solo puede ir a peor
Una vez que éste superó su listón más difícil –la imputación por presunta corrupción hace 11 meses de su entonces mano derecha, Santos Cerdán–, los populares asumieron que no iba a haber adelanto electoral. Y esa percepción, la de que el líder socialista se agarrará a La Moncloa todo lo que sea posible, no ha variado pese al tsunami desatado por el encausamiento de José Luis Rodríguez Zapatero.
Así que Feijóo y su equipo se recetan no solo perseverar en la paciencia, no caer en la marmita de la ansiedad, sino enjugar el riesgo que siempre asoma para los populares en las ya variopintas situaciones en la que la legislatura ha parecido al borde del colapso: que el foco acabe desviándose, por habilidad ajena o errores propios, de los problemas para una gobernabilidad viable que arrastra Sánchez; y que acabe volviéndose contra ellos el señuelo de la moción de censura, agitado de forma recurrente por un Vox que no tiene nada que perder si la iniciativa encalla y que así trata de alimentar la imagen de que Feijóo no tiene arrestos.
Persuadidos de que las consecuencias del reventón del supuesto tráfico ilegal de influencias atribuido a Zapatero «no han hecho más que empezar» –el secretario general del PP, Miguel Tellado, se regodeó este domingo en la causa para ironizar con que «los 40 ladrones» de «la cueva de Alí Babá» se le quedan cortos a Sánchez–, en Génova se afanan en apartar de sí el caliz de la moción y en orientar el foco hacia donde creen que debe permanecer: en las tribulaciones del Gobierno por la judicialización de las conductas supuestamente irregulares en el entorno familiar, político e institucional del presidente.