2Foto© larazon.esEstos son los municipios manchegos donde ya no viven los niños y que corren el riesgo de desaparecer
Lo de ir a por tabaco y no volver era un recurso al que los ciudadanos acudían en los años en que la huella digital era una quimera, pero en la actualidad las estadísticas de 2023 nos dicen que un 48,9% de los desaparecidos son menores que se fugan de sus hogares. Con frecuencia, en las novelas o en el cine se contempla la desaparición como detonante para que el personaje principal revele sus entretelas, nos ofrezca su culpa o su irresponsabilidad y nos ponga aquello de corbata; ahora, hace falta mucho ingenio para justificar una desaparición.
La cifra no me habría escandalizado hace unas décadas; con dificultades para divorciarse, sin internet, satélites, móviles y facilidades para la falsificación de documentos, todo era posible. A la vuelta de la esquina tenemos la Inteligencia Artificial ejerciendo de detective y ofreciendo el inmenso e inevitable rastro digital que vamos dejando. Ni la mismísima Agatha Christie habría imaginado este presente con rasgos de omnipotencia que hace que sea imposible que no te encuentren.
Los informes suelen dejar claro que el objeto de estudio acostumbra a ser esa persona que de la noche a la mañana desaparece dejando el rastro de su vida congelado. Un investigador me confesaba que se aprovechan las catástrofes. Esas situaciones caóticas y estremecedoras ayudan a estafadores, narcos o perseguidos por la ley a cambiar de identidad. Pero el mundo ya no se ocupa de las tragedias personales, bastante tiene con vigilar la danza macabra que la sintonía geopolítica nos ofrece.