© sport.esEspaña busca su punto nuclear: un centro del campo con fluidez
Hay fuegos artificiales al tiempo que aterriza la selección española en la localidad de Long Beach, al sur de Los Ángeles. Los lanzan al cielo con una luna hermosa cientos de mexicanos que se reúnen en los bares de la playa y festejan con griterío y emoción de su tierra los goles de la 'pantera' Quiñones y del exatlético Raúl Jiménez.
México le da sentido al Mundial. En Guadalajara, en Ciudad de México y en Los Ángeles. Los estadounidenses siguen la Copa del Mundo, pero sus deportes son otros. Las andanzas de Lebron James, que ya no quiere jugar en Los Lakers, los campeonatos de béisbol a todas horas en la televisión o carreras de la Nascar repetidas en serie. Y no ha empezado el fútbol americano.
La selección española llega a Los Ángeles en la noche del martes y hay cuatro gatos esperando a las puertas del fastuoso hotel Westin en la avenida Elm de Long Beach. Casi más periodistas que aficionados en este punto del planeta, mezcla de lujo e indigencia. Edificios imponentes de potente nivel junto a personas que deambulan por las calles entre harapos y colchones portátiles presas del fentanilo.