3Foto© larazon.esEl suicidio de Ferran Torres
Hay formas muy sofisticadas de complicarse la vida. Y luego estás tú, Ferran Torres. Has decidido inventar una modalidad nueva: el suicidio comunicativo. No hacía falta. Bastaba con quedarse callado. Pero no. Cuando uno cree que la mejor manera de agradecer al club que te cambió la vida es chulearlo e iniciar una gira mediática por Estados Unidos como si estuvieras presentando el disco “Superestrella” de Aitana, es evidente que has confundido el Spotify Camp Nou con el Madison Square Garden, y el Barça con Sony Music.
Resulta pintoresco escucharte clamar que esperas recibir alguna demostración de cariño del Barça. ¿Perdón? ¿Qué mayor declaración de amor existe que convertir a un simple futbolista tenaz y peleón en un referente a escala mundial? El Barça no regala flores. El Barça te ha regalado prestigio. Te ha ofrecido escaparate. Te ha catapultado a una dimensión mediática que hoy te permite pasearte por los platós estadounidenses respondiendo preguntas como si acabaras de conquistar Hollywood vestido de Chuwbacca.
Hay futbolistas que llegan al Barcelona siendo estrellas y salen siendo leyendas. Otros llegan siendo promesas y descubren que vestir esa camiseta multiplica su valor deportivo y mediático. Tú, Ferran, perteneces a ese segundo grupo.