8Foto© sport.esEl roto y el descosido del Real Zaragoza y la pitera de Marcos Cuenca
Solo las matemáticas sujetan ya, y poco, a un Real Zaragoza desprovisto ya de ese efecto Navarro que rescató al equipo y a su afición de una muerte segura. La derrota en Córdoba, justa y merecida, tiene un efecto devastador al acercar aún más al equipo aragonés a un abismo al que, honestamente, se ha hecho acreedor durante todo este maldito curso.
A este pírrico y nefasto Zaragoza las reacciones le duran demasiado poco. Va tan escaso de calidad que cualquier remedio es efímero y más como consecuencia de inyecciones anímicas que de otra cosa. Ya se vio venir el desastre el pasado domingo, cuando casi todo lo que había exhibido el equipo desde la llegada de David Navarro se esfumó. Pero esta vez fue peor, mucho peor.
Si algo tenía el Zaragoza de David era cordura. El sentido común había presidido la resurrección de un equipo en el que, al fin, todos jugaban en su sitio y en el que los experimentos se hacían, de una vez, con gaseosa. Eso y la valentía que había derrochado un técnico consciente de que el corsé estaba llevando al equipo a la asfixia.