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Vingegaard desata la tormenta2Foto© canarias7.es

Vingegaard desata la tormenta

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Pidcock, segundo en la meta, se posicionaba junto al danés. «Estos son finales en cuesta donde realmente no se pueden marcar diferencias porque no son lo suficientemente empinados». Pero aportaba un matiz. «Sobre todo con la velocidad a la que subimos». El ritmo inicial del Trek parecía propicio para repetir la escena del 88, la primera vez que se coronó la ladera del pico San Lorenzo. Hubo un sprint de 27 ciclistas y ganó Sean Kelly, del KAS. Al son del Visma, Vingegaard logró casi dos minutos de ventaja con todos los escaladores a excepción de Pidcock, Almeida y Gall.

A once kilómetros de meta, Vingegaard sintió las piernas frescas. «Le dije a mi equipo si podían acelerar». Entonces, La Vuelta se asemejó al Tour. Pogacar sentenció la carrera en Hautacam tras una aceleración brutal de Narvaez y el ataque del esloveno. El Visma usó la misma táctica, salvo que en un puerto con pendientes menos inclinadas. Jorgenson entró como elefante en una cacharrería, con Vingegaard soldado a su rueda. Solo Ciccone pudo aguantar la embestida. El estadounidense se abrió y dejó mano a mano al italiano y al danés, mientras por detrás el UAE trataba saber qué había pasado.

Un kilómetro duró el italiano del Lidl-Trek, que volvió a llevar la manija del pelotón toda la jornada para volver a irse de vacío. Ciccone reventó, perdió la rueda del desatado Vingegaard y fue superado por Almeida, Pidcock, Gall y Bernal. Cuando se acabó el amparo de la arboleda, el luso mascaba su rabia. Maldecía la mala colocación, habitual en él en los puertos. Peor sobre todo la falta de ayuda. Solo Vine logró darle algún relevo. Los fuegos artificiales también le pillaron mal situado a Marc Soler, mientras que Ayuso se dejaba llevar antes de empezar el puerto.