2Foto© canarias7.esTronchon levanta la alfombra del Visma
La Vuelta retomó el camino rumbo a Elche de la Sierra, el pueblo famoso por sus alfombras de serrín. Diez vecinos se lanzaron a hacer una de virutas de colores para la procesión del Corpus Christi de 1964. Desde entonces la tradición no ha hecho más que ir a más. Hay hasta un museo. El tiempo da forma a muchas cosas.
A Xabier Mikel Azparren le ha modelado hasta ser un gregario solvente en las mejores carreras. Eso le ha impedido desarrollar el instinto ganador. «Llevo muchos años en esto y me estaba costando estar en la pelea», se felicitaba este martes. El vaso medio lleno. Acarició la victoria. «Me he visto ganando, si lo hubiera lanzado antes...». Medio vacío.
De todos los ataques que hubo, incluidos algunos movimientos de los hombres de la general, el que más opciones tuvo de prosperar fue el último. El de Fedorov al filo del último kilómetro. Una invitación a la que Azparren, sin un sprinter para quien trabajar, no dudó en aceptar. El guipuzcoano se relamía. El corredor del Astana tiraba sin apenas mirar para atrás. «Él parece que se contentaba con ser segundo». Le veía «nervioso». Qué mejor sitio para aprovechar para afilar el cuchillo que Albacete. «¡Aaaag!».