© ideal.esQuién es quién en la crisis de violencia en Mineápolis
La política de mano dura promovida por Donald Trump contra los migrantes tiene un brazo ejecutor: Gregory Bovino. O más bien lo tenía, porque el comandante general de la polémica Patrulla Fronteriza -responsable de la muerte de Alex Pretti en Mineápolis- fue destituido el pasado lunes tras la ola de críticas contra la violencia de los agentes federales en la ciudad.
Su voz «sin filtros» a lo largo de sus casi tres décadas de carrera en este cuerpo ha acabado silenciada por el presidente de EE UU, el mismo que le colocó al frente de los despliegues masivos de fuerzas del orden en rincones como Los Ángeles, Charlotte o Nueva Orleans para liderar sus redadas contra la inmigración.
«Si hubiera tenido más gas, lo hubiera utilizado», dijo sobre una intervención en Chicago.
Bovino, de 55 años y criado en una familia italo-estadounidense, se había convertido en el rostro visible de la campaña antiinmigrantes impulsada por Trump. Una cara que, a diferencia de sus agentes, llevaba al descubierto durante las actuaciones en estaciones de servicio y tiendas en busca de indocumentados que aterrorizaron a los extranjeros en situación irregular en Estados Unidos.