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Mbappé sufre hasta la vulgaridad© laverdad.es

Mbappé sufre hasta la vulgaridad

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Mbappé pone rostro al descalabro porque nadie discute que es el capo de Francia. Se percibe desde que los jugadores asoman por el túnel de vestuarios. Todos siguen a Kylian. Sin embargo, Deschamps había conseguido que ese liderazgo no alterase el equilibrio de su poblada y exquisita línea de ataque. Había espacio para que Michael Olise, la sensación de la temporada, asumiera el tablero de mandos.

También para que Ousmane Dembélé, vigente Balón de Oro, se sintiera importante. No se estorbaban ni parecían obsesionados con engordar unas estadísticas ya colosales. Francia respetaba el juego y el equilibrio. Por eso había llegado tan lejos.

Mbappé, con unas botas vestidas con los colores de Francia y alejadas de la abrumadora uniformidad rosa, canta con júbilo 'La Marsellesa'. Es una de las pocas veces que sonríe durante el partido. El toque y la intensidad de España van calando poco a poco. El tablero se inclina hacia la portería de Maignan ante la incredulidad y el enfado del diez francés, que apenas huele el balón durante toda la primera mitad. Tampoco sus compañeros de ataque.