6Foto© larazon.esMás del 90% de la población mundial se verá afectada de alguna forma por el cáncer
Lo grave no es únicamente la palabra empleada, aunque bastaría.
Hay que tener la sensibilidad de una cancela oxidada para usarla como metáfora política cuando se habla de enfermedad, bajas médicas y trabajadores que no están en casa por capricho, sino muchas veces por dolor, por ansiedad, por una operación, por una depresión, por una lesión o por una sanidad pública que da cita tarde y alta cuando puede.
Lo grave es el truco: mezclar al caradura que defrauda con el enfermo que no puede levantarse de la cama. Meter en el mismo saco el abuso y el derecho. Convertir la sospecha en programa electoral.
Una cosa es perseguir el fraude, que debe perseguirse siempre, y otra muy distinta es señalar al trabajador enfermo como si fuera un sospechoso por defecto. La baja laboral no es una excursión pagada ni unas vacaciones con parte médico. Es una protección social conquistada durante décadas para que una gripe seria, un cáncer de verdad, una operación de espalda o una depresión no se conviertan además en ruina doméstica. Si hay fraude, inspección. Si hay abuso, sanción. Pero si hay enfermedad, respeto. Lo demás no es gestión, sino clasismo con corbata.