5Foto© lavanguardia.comLecciones de la derrota de Orbán
A la hora de escribir esta columna, todo indica que Orbán pierde las elecciones en Hungría tras 16 años en el poder, y hay quien, con alegría, sacará la lección equivocada: que el tratamiento habitual de algunos medios a los líderes populistas es la llave del éxito.
Seguramente, el vuelco electoral en Hungría responda sobre todo a causas domésticas. La situación económica, el cansancio acumulado tras tantos años de gobierno, el deterioro de algunos servicios públicos o la percepción de un estilo de poder cada vez más autoritario son factores mucho más decisivos que cualquier campaña mediática internacional.
A veces se olvida que líderes como Orbán viven, casi exclusivamente, del descrédito del establishment occidental ante el que se presentan como amuleto redentor. Su fuerza no nace de sus políticas, sino del rechazo que generan quienes pretenden combatirlos. Se presentan como el antídoto frente a un establishment percibido como arrogante, distante o moralmente superior. Y cuanto más visible es esa hostilidad, más fácil les resulta consolidar su papel de defensores del pueblo frente a poderes externos.