5Foto© larazon.esLa afrenta política de mirar para otro lado
En las economías prósperas, los curritos adquieren viviendas y, en las menguantes, lo que arruina la hucha doméstica, la faltriquera del ahorro familiar, es el alquiler de la vivienda. Pedro Laín Entralgo, que fue todo lo que se le ocurrió –médico, historiador, filólogo–, decía por allá, más o menos por los ventisqueros de la posguerra, que este país era de clases medias. Lo que hizo la Transición fue darle a la frase una categoría jurídica, dotarla de tangibilidad.
A la democracia se llegó, más que por la política del acuerdo, por las nóminas que se cobraron durante el desarrollismo. Un apogeo que nos convirtió en un país de embalses, garajes y Seat 600.
Aquel españolito de entonces, después de adquirir su coche y de descubrir las bonanzas de los asuetos estivales, tuvo la aspiración dorada de vivir en una democracia, como sucedía en Europa, y apartarse de los Tejeros y otras tentaciones caudillistas.