3Foto© ideal.es«Hicimos un buen trabajo con los muertos, pero malo con los vivos»
Fue un ataque a Occidente, simbolizado por las dos torres refulgentes que dominaban el 'skyline' de Nueva York, la capital cultural y económica mundial. El emblema del capitalismo, de la libertad. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, hace ahora 25 años, un comando de terroristas islamistas secuestraron cuatro aviones comerciales. Dos los estrellaron contra las Torres Gemelas y un tercero contra el Pentágono. El cuarto cayó en una zona rural de Pensilvania, después de que los pasajeros se enfrentaran a los atacantes. Es probable que su destino fuera el Capitolio o la Casa Blanca.
Las huellas de las dos torres son ahora dos fuentes hundidas en las que se precipita el agua. Esa caída es en sí misma el 11-S. El derrumbe de los edificios. Los oficinistas que se lanzaron al vacío, desesperados, atrapados por el fuego. Todo el mundo lo vio en directo. En España era la hora del telediario.
El primer avión impactó en la Torre Norte a las 8.46 de la mañana en Nueva York, 14.46 en España, poco antes de que arrancara el informativo de las tres de la tarde. En el inicio de la emisión, todavía se creía que era un accidente. «Se ha estrellado una avioneta», decían algunos en Nueva York. A las 9.03, 15.03 en España, la segunda aeronave impactó contra la Torre Sur. No, no era un accidente. Nadie durmió siesta. Poco después, ante la conmoción mundial, las torres se cayeron. Primero la Sur, después la Norte. El World Trade Center era de inmediato una gigantesca fosa común.