© ideal.esEn tiempos de príncipes absolutos
Era Vitoria un profesor erudito, sólido, y a la vez ameno y elegante. Su exposición es ordenada, clara, y la ilustra cuando tiene ocasión con imágenes oportunas y sugerentes que toma de poetas clásicos: Ovidio, Lucrecio, Lucano. Y, sobre todo, es un pensador valeroso, que no vacila a la hora de decirle al poder, en tiempos de príncipes absolutos —Carlos V, Francisco I, Enrique VIII—, los límites que no le es lícito ni legítimo transgredir.
Releer sus enseñanzas en estos días del siglo XXI, marcado por el designio de líderes que refrendados o no por las urnas gustan también de mostrarse autoritarios e irrebatibles, es un ejercicio que tiene algo de terapia para quien asiste con horror a sus estragos: hace cinco siglos, un dominico español expuso con solvencia y nitidez los argumentos que descalifican sus excesos, por más que quieran convencernos, sin más apoyo que la fuerza que desatan, de que la razón de la historia está de su parte.
Se plantea Vitoria cómo se puede hacer la guerra: sólo por bien de la república, pecará quien lo menoscabe. Se pregunta si las leyes sujetan y obligan al príncipe: tanto como al último de sus súbditos, y también pecará si las ignora. Y, para terminar, indaga la existencia de leyes situadas más allá de la potestad de la república y de quien la administra, leyes de una república universal que abarca el orbe entero: las hay, dice, se traducen en el derecho de gentes y no es menos pecado vulnerarlas.