© ideal.esChina baja la voz ante el ataque a Irán y teme por su petróleo
Con Nicolás Maduro preso y el ayatolá Alí Jamenei finado, Pekín se declara «seriamente preocupada». Así lo expresó este domingo su representante ante Naciones Unidas, Fu Cong, durante una sesión de emergencia de la institución. «China subraya que deben respetarse la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de Irán y de otros países de la región», aseguró. Unas palabras nunca empleadas, por ejemplo, en referencia a la invasión rusa de Ucrania.
Estas frases, por ser solo eso, frases, evidencian los límites del alcance del gigante asiático como socio y, en consecuencia, minan su credibilidad como apoyo ante una geopolítica de hostilidad creciente. «Este patrón de China de expresar conmoción y preocupación pero no tomar ninguna medida y ofrecer poca o ninguna ayuda a Irán, no cambiarán», apuntaba en redes sociales Bonnie Glaser, directora del programa Indo-Pacífico del German Marshall Fund. «Si hay un nuevo régimen, Pekín tratará de desarrollar de manera pragmática buenas relaciones independientemente de quién esté al mando».
Se trata, en resumen, de un juego de intereses que en el caso de China tienen que ver, por encima de todo, con el petróleo. El régimen importaba el 90% de la producción de crudo iraní, lo que supone un 13% de su suministro nacional, según cifras oficiales. Esta cuota, sumada al aproximadamente 4% que procedía de Venezuela y complicado por el intervencionismo estadounidense, pone en cuestión casi un quinto de sus necesidades.