3Foto© larazon.esAlmodóvar sigue molando, pero tú ya no
España se divide entre los que defienden o aborrecen a Torrente (más numerosos) y los que hacen lo propio con la última de Almodóvar, que recibe tantos elogios como patadas en el culo en un duelo que beneficia al último porque para entrar en la conversación de la minoría hay que ir al cine a ver «Amarga Navidad». De Torrente no les hablo porque seguramente la hayan visto.
Se sale del cine con agujetas en la mandíbula de la risa y a la vez con ganas de quemar contenedores; tanta es la vergüenza de asomarse de nuevo a las aceras de España. De la de Almodóvar se abandona el cine también con vergüenza, pero vergüenza ajena. No les cuento de qué va, porque para qué. Los motivos, sin embargo, no son los que argumentan los críticos desfavorables.
Algunos «boomers» hemos envejecido a la par que Almodóvar tenía menos que decir. La euforia de sus primeras películas se ha convertido en la aburrida salida nocturna con esos colegas con Rolex que siguen haciendo chistes de porros y cocaína, pero que piden en el restaurante teniendo en cuenta sus niveles de colesterol.