5Foto1Video© larazon.esAlmería es la segunda ciudad de España donde más difícil es aprobar el examen práctico
Desde que en la noche del domingo la selección española se proclamó campeona del mundo de fútbol, todas las calles, las plazas, los bares y hasta las casas y los balcones de España no han parado de vibrar de alegría, de entusiasmo y, por qué no decirlo, de orgullo. Millones de españoles hemos aprovechado el sensacional éxito deportivo de nuestra selección para hacer públicos esa alegría, ese entusiasmo y ese orgullo que nos llena de ser eso, españoles. Lo que significa ser herederos de una lengua, de una cultura y de una historia sin las que no puede entenderse la civilización occidental.
Ganar el Mundial de Fútbol es que un grupo de jugadores españoles, con un seleccionador sencillo y firmemente convencido de la importancia que entraña su trabajo, han demostrado ser los mejores de un deporte, que, no por casualidad, es reconocido en todo el mundo como el deporte rey. Son miles de millones los chicos y las chicas que lo practican desde pequeños, son centenares de millones los que lo hacen ya con una ficha federativa, y centenares de miles los que son profesionales. Ser los mejores de todos esos es una hazaña de dimensiones astronómicas.
Además, lo han conseguido de una manera especialmente emotiva, porque todos los sensacionales jugadores que han jugado con la selección han renunciado a sus éxitos individuales para sacrificarse por el equipo. Pocas veces hemos visto a un equipo más equipo que el que nos ha dado esta inmensa alegría.