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«Yo no sabía ni lo que era el conservatorio»© hoy.es

«Yo no sabía ni lo que era el conservatorio»

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-Por supuesto. Evidentemente, nuestro trabajo tiene unas exigencias y requiere un entrenamiento, una disciplina, un cierto control de la alimentación. Pero, además de un atleta, un bailarín es un artista que se sube al escenario a contar historias, y nunca hay una historia mejor contada que la que uno ha vivido. Por eso hay que disfrutar de todas las vivencias que construyen la estructura emocional de un artista.

-Aprendes a convivir con ellas. Por un lado, es una vida muy sacrificada: desde que entras al conservatorio siendo un niño y empiezas a mirar por la profesionalización de tu carrera, tu vida cambia absolutamente. Adquieres esa responsabilidad desde muy pequeño y te habitúas a ella, aunque esa carga pesa en ciertos momentos. Pero, por otro lado, también es una vida de plenitud cuando te dejas una parte de tu alma en el escenario y el público lo aprecia.

-Yo soy de Usera (Madrid), de un barrio superhumilde y una familia muy humilde sin ninguna experiencia en el tema artístico. No sabía lo que era un conservatorio, ni el Ballet Nacional. Aquello fue como si me hubiera ido a otro mundo donde no conocía a nadie.