© canarias7.esUna faena de Daniel Luque de mérito mayor
Mansearon los cuatro primeros. Tres de ellos trotaron de partida lamiendo tablas, incluso buscando el tercero, puerta de salida. Los tres hicieron hilo en banderillas apretando a la querencia de tablas. Zurrado sin piedad en el caballo y molido a capotazos cautelares sin sentido, el primero claudicó a las primeras de cambio, estuvo a punto de llevarse a Castella por delante en un acostón, a la segunda claudicación se enfadó la gente y Castella se fue por la espada.
El cuatreño segundo vino a ser el toro problemático de la corrida. Encelado en un primer puyazo que tomó corrido por dentro, recostado luego contra el caballo, fue, con menguado poder, toro incierto y a la defensiva. Rebrincado, topò y cabeceó cuando tomó engaño sin entregarse ni una sola baza.
Le tomó la medida Daniel Luque, que expuso sin cuento, dibujó fino con la mano izquierda a pesar del viento, ligó dos tandas de mérito y pareció empeñado en apurar hasta el último aliento del toro, que fue ingrato hasta para doblar. Una estocada de ley, muerte lenta, un aviso. No quiso Daniel salir a saludar.