© ideal.esTintín Landaluce, el tenista que viaja con una guitarra y lee a Séneca
Todo es distinto en Martín Landaluce. Alto, rubio, ojos azules y cerca de los dos metros, su físico recuerda más a un jugador del norte de Europa que el perfil español que tantas alegrías ha dado a nuestro país en la tierra batida. También sus gustos tenísticos casan poco con lo que se ve en España porque su superficie favorita es la hierba, su golpe preferido es el revés paralelo y su torneo soñado, Wimbledon.
Este madrileño, nacido el 8 de enero de 2006, hace años que dejó de ser solo una promesa gracias a un tenis en el que mezcla agresividad, imaginación y una madurez impropia de su edad. En el circuito le conocen como Tintín, un apodo que contrasta con su carácter reflexivo y tranquilo, más cercano al de un estudiante que al de una estrella adolescente.
Su historia con el tenis empezó casi antes de aprender a hablar. En su familia todos jugaban: su padre Alejandro, su madre Elena y sus hermanos Lucas y Alejandra, que compiten a nivel universitario en Estados Unidos. Él cogió una raqueta con apenas un año y empezó a competir con nueve. Creció, literalmente, en una pista de tenis.