© hoy.esSeixas se siente invencible en la Itzulia
A 70 kilómetros de meta, en la pared de tres kilómetros de Krabelin, Lipowitz movió ficha. Seixas no le dejó ni un solo metro. Sellado a su rueda. Le relevó cuando lo requirió. Atrapó a su compañero en fuga Prudhomme. El año pasado, Seixas le dejó vencer en una etapa en el Tour de los Alpes. La primera de su trayectoria. El galo se ganó su ayuda para siempre.
Con él y todo el Decathlon manejó la situación. En Ixua, la otra vertiente, aceleró para romper a la dupla del RedBull-Bora. Se quedó a solas con Lipowitz y triunfó el amarillo en otra tarde veraniega. La última. Este sábado, el parte es de cambio radical del tiempo. Va llover. El único riesgo a su victoria final.
En Éibar, la ciudad armera por experiencia, el francés de 19 años mostró otra de sus armas. Está asimilando a la perfección el esfuerzo con el paso de los días, se muestra sólido y es capaz de rematar la faena también al sprint. Mucho más rápido que Lipowitz, diésel, que tiene que conformarse con una segunda plaza al final de la adoquinada calle Toribio Etxebarria. Romo fue tercero. Debía estar luchando con la pareja. Estuvo a su altura en la subida a Ixua, pero el toque inocente de una espectadora le desestabilizó y le mandó al suelo. No tiene suerte. Tampoco el Movistar.