© hoy.esRusia y Bielorrusia muestran músculo nuclear ante la Alianza con un gran ensayo de guerra total
El pasado 9 de mayo, nadie pudo presenciar la tradicional concentración de misiles y lanzaderas nucleares en la Plaza Roja durante la parada castrense. Vladímir Putin ordenó que no salieran, aconsejado por su aparato de seguridad, ante el temor de que pudieran ser blanco de un ataque con drones ucranianos. Sin embargo, hoy y mañana serán puestos a prueba en el ejercicio militar más ambicioso del Kremlin desde la invasión de Ucrania.
Los ejercicios se desarrollan ante las mismísimas fronteras de la OTAN, ya que una parte consiste en un ensayo del uso de las armas nucleares instaladas por Moscú en la vecina Bielorrusia. La principal es el misill hipersónico Oréshnik. Puede viajar a 5.000 kilómetros a una velocidad de Match-10. La primera vez que Moscú lo utilizó fue en 2024 contra una planta de componentes militares en Dnipro. Las autoridades de Minsk han mostrado, sin embargo, una notable cautela y avisado que el simulacro «no va dirigido contra terceros países y no supone una amenaza para la seguridad regional».
La advertencia no viene mal. Estas operaciones se producen en un territorio altamente sensible. Bielorrusia es fronteriza con Polonia, Letonia y Lituania. Los tres son miembros de la Alianza Atlántica, que observa muy de cerca este entrenamiento. Después de la invasión de Ucrania, sus gobiernos decidieron aumentar la presencia militar en la divisoria con el fin de prevenir un ataque bielorruso.