© hoy.esPor qué es mala idea echarle la bronca al hijo de otro: guía para resolver los conflictos... sin agrandarlos
Hace unas semanas, la dirección de un colegio vizcaíno envió una circular a las familias (los alumnos lo llevaron también impreso) advirtiendo de que los conflictos entre los chavales debían tratarse en el centro y pidiendo a los padres y madres que se abstuvieran de ir donde el menor que había tenido un conflicto con su hijo o hija a reprenderle.
No le causa extrañeza a Antonio Labanda, presidente de la Sección de Psicología Educativa del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. «Hay una sobreprotección tremenda hacia los niños. Pero abroncar al otro chaval nunca es una buena idea. Primero porque casi con seguridad la otra familia se va a molestar y no sabes cómo va a reaccionar, lo mismo la cosa termina en denuncia. Y, segundo lugar, porque aunque no llegue a tanto, lo que sí se va a generar es un conflicto con el otro padre o la otra madre».
Coincide Silvia Álava, también psicóloga experta en infancia. «Cuando algo sucede con nuestro hijo es como si nos surgiera una necesidad de intervenir, pero no suele ser lo más eficaz. La figura de referencia de los niños son sus padres o los profesores, pero si, de repente, un adulto ajeno les afea la conducta, lo más probable es que reaccionen a la defensiva, con vergüenza y con rechazo.