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Ni Junts, ni Galicia, ni Mohamed, ni Koldo6Foto© elespanol.com

Ni Junts, ni Galicia, ni Mohamed, ni Koldo

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A Pedro Sánchez las malas noticias le provocan una tensión mandibular muy visible que le deforma el rostro hasta crear una especie de mascara que acompaña con una mirada amenazante como si fuera el luchador Ilia Topuria antes de empezar un combate de la UFC. Es un gesto que le surge de lo más profundo y que refleja su creencia de que su destino universal es ser presidente en la Moncloa y que para ello tiene que hacer lo que sea. Antes, cuando venía alguna mal dada, intentaba disimular con una sonrisa fría, mecánica y agresiva. Ahora ya no se molesta en ocultarla.

La mostró hace unas semanas cuando Junts le dejó en evidencia al votar en el Congreso en contra de la ley de amnistía que el propio Sánchez les había dejado redactar y parchear.

Un hecho histórico que pasará a la historia de la infamia porque no se tienen noticias de que nunca un gobierno democrático hubiera concedido a unos delincuentes prófugos de la justicia la posibilidad de redactar una ley que, saltándose toda la legalidad constitucional, les permitiera no solo salir impunes de sus delitos sino, además, seguir alardeando de volver a hacerlo.