3Foto1Video© larazon.esNi inglés ni catalán ni euskera: el lenguaje más insólito de España no usa una sola palabra
Ese fluctuar de la vida, de nuestros pareceres y, por supuesto de nuestro voto; ese tránsito continuo de fuerzas entre los partidos políticos es a su vez la causa y la justificación de este acuerdo de gobierno andaluz donde, negro sobre blanco, se han oficializado las contradicciones de «Juanma, el otrora moderado» y las exigencias dictadas por Abascal a Manuel Gavira, a quien —estoy convencido— conoceremos a partir de ahora como «Manolo, el vice».
Moreno lo escenificó con toda claridad en su toma de posesión, bajando los brazos ante el atril y encogiéndose suavemente de hombros para decir al más puro estilo montaigniano: «que sais-je?, ¿qué sé yo?», esperando «el presi», que ese encantador malagueño susurrado al que nos acostumbró los oídos convenza y conforme al pueblo andaluz en un amable relativismo.
Ese «distingo» sutil —a veces meticuloso, cuando no malicioso— al que se acoge en muchos de sus escritos Montaigne, me viene a mí que ni pintado para atrincherarme bajo la perspectiva de mi almecino, y ponerle al acuerdo de marras alguna que otra objeción o puntualización maginense.