© hoy.esListas cerradas: ciudadanos cautivos
El mayor efecto negativo de las listas cerradas es la que la lealtad del representante viene viciada de origen. En un sistema sano, el político debería rendir cuentas a sus electores. Sin embargo, con listas cerradas, el político solo debe lealtad a quien hace la lista: el secretario general o la cúpula del partido, esto es, la oligarquía del partido.
Si un diputado se atreve a votar en conciencia contra una directriz del partido, sabe que su nombre desaparecerá de la lista en las próximas elecciones. Esto anula el debate parlamentario y convierte las cámaras en meros registradores de la voluntad de tres o cuatro líderes.
El ciudadano no elige a sus representantes; el partido elige a sus fieles y el ciudadano simplemente los ratifica en bloque, convirtiéndose así en un mero sujeto pasivo.