
La única tirolina internacional del mundo nos pone a 70 kilómetros por hora
Barrancos es el municipio menos poblado del Portugal continental (1.430 habitantes en 2023), pero uno de los más singulares de la Raya. Fue tierra de nadie hasta que, en 1893, lo obligaron a ser portugués. Sus habitantes hablan barranqueño, un dialecto medio alentejano, medio castellano. Desde 2002, es el único lugar de Portugal donde se pueden matar los toros en las corridas: ese año se cambió la Constitución para introducir la salvedad taurina.
A Barrancos, lo llaman el pueblo de los 100 kilómetros porque esa es, aproximadamente, la distancia que lo separa de Beja, Évora, Badajoz, Mértola, Sevilla y Huelva. Está a una hora de autobús de la villa portuguesa más cercana: Moura. Estas distancias han provocado anécdotas tan curiosas como que, en 1974, se enteraran con seis meses de retraso de que en Lisboa había triunfado la Revolución de los Claveles, según recogía la investigadora Victoria Navas en una comunicación científica en 1991.
Pero lo que caracteriza a Barrancos como pueblo con valores y conciencia es su hospitalidad: acogió a españoles que huían del ejército francés a principios del XIX y, en 1936, a carabineros franquistas que huían de la Huelva republicana y a 1.020 extremeños que escapaban de la represión de las tropas de Franco.