5Foto© larazon.esLa guerra que suena, la que es y la que vivimos
La guerra se me presenta con tres vidas. Está la que se oye, la que sucede y la que nos atraviesa sin pedir permiso. Tiene esa capacidad para existir en varios planos a la vez. Antes de ser un hecho, es un rumor; mientras ocurre, es una herida; cuando parece lejana, sigue filtrándose en nuestras rutinas. Y en este tiempo convulso, con Ucrania resistiendo y Oriente Medio siempre al borde de un nuevo sobresalto, convivimos con esas tres vidas como si fueran estaciones de un mismo tren que nunca deja de pasar.
La primera vida de la guerra es sonora. No hay explosiones, pero sí un murmullo constante con declaraciones altivas, advertencias diplomáticas y movimientos militares que se anuncian como si fueran estrenos de temporada. Es la guerra mezcla de alarma y suspense que se cuela en los titulares y en las sobremesas. Ese ruido erosiona la tranquilidad.
Es un recordatorio de que algo se gesta, de que el mundo se tensa, de que la paz es más vulnerable de lo que nos gusta admitir. Y aunque aún no haya estallado nada, ya nos tiene en vilo poniendo a prueba nuestra fragilidad. Ese ruido desgasta con banda sonora omnipresente, incómoda e imposible de ignorar. Y, como toda música, acaba condicionando nuestro estado de ánimo.