Es más seguro ir a la Luna que a Málaga4Foto© larazon.es

Es más seguro ir a la Luna que a Málaga

, 4 noticias, 0 vistas

La escena en la Universidad Pompeu Fabra (¡si levantara cabeza el filólogo!) tuvo algo de farsa con pretensiones de historia: el charnego Rufián, acompañado de la musa Irene Montero y de un Xavier Domènech jubilado entregado a la hipérbole, repartiendo títulos como quien reparte café: ella, nueva Dolores Ibárruri; él, un Maximilien Robespierre de proximidad. La izquierda española, cuando se mira al espejo, siempre se ve en sepia.

Pero la reunión no era inocua: segundo intento con público y medios de vestir con retórica, lo que no deja de ser aritmética. Evitar la dispersión del voto al este de Ferraz en territorios donde mandan siglas identitarias —ERC, Bildu, BNG—. La receta: desaparecer donde no se gana y dejar que otros capitalicen. Un repliegue táctico que, con la ayuda de D’Hondt, podría mantener con vida a la fauna declinante de Podemos, Sumar y afines. No es un proyecto: es una estrategia de supervivencia.

El problema no está en la fórmula, sino en el sujeto. El nacionalismo es un narcótico —en sus distintas graduaciones— que no busca gobernar el Estado, sino erosionarlo. Y esa lógica del deterioro permanente no admite bien los abrazos estratégicos. Puede tolerarse —aunque ya chirríe— que en unas europeas se ensaye la promiscuidad con sangre en las manos entre Esquerra Republicana de Cataluña, EH Bildu y Bloque Nacionalista Gallego. Pero otra cosa es pretender un Frente Popular que ni sus propios votantes desean.