6Foto© larazon.esEl presidente de Bulgaria dimite y se postula para primer ministro
De repente la política española ha vuelto a palidecer. La corrupción ha pasado a un segundo plano, mientras el Gobierno sigue extendiendo la chequera para incrementar la financiación autonómica y añadir traspasos de competencias: la consigna es resistir y confiar en el tiempo, ese socorrido benefactor.
Pura doctrina Rajoy, aunque con mayores dosis de imaginación y un uso más descarado de los resortes presupuestarios que concede el poder. Terminó el año Franco y ha dado inicio un nuevo curso, cuyo epicentro no pasa ya por Madrid. Los titulares los acapara la Administración Trump y su decidido impulso de acelerar la historia. Por si cabía alguna duda, el siglo XXI despliega ya todos sus efectos.
Venezuela, Cuba, Irán y Groenlandia desfilan como capítulos de una novela por ahora sin desenlace. Se ha hablado —y mucho— de un reparto del mundo entre las grandes potencias, debido al eclipse de Europa y al ascenso tecnológico y militar de China. Se trata de un desafío mayor que el que planteó la URSS, porque Occidente tiene ante sí esta vez una historia de éxito.