El lehendakari honra la memoria de las víctimas del 3 de marzo4Foto© larazon.es

El lehendakari honra la memoria de las víctimas del 3 de marzo

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Murió Tejero el mismo día en que descubríamos que los papeles clasificados del 23-F reivindicaban la figura del rey Juan Carlos. No había ningún secreto que ocultar, sino la actitud ejemplar de quien puso su autoridad al servicio de un país que no quería ser traicionado por sus élites. Hoy se ha hecho habitual arremeter contra el rey emérito con los argumentos más dispares, unos más razonables que otros. El objetivo no es la Corona, sino lo que ella ayudó a construir en un periodo crítico de nuestra historia.

Si bien es cierto que se cometieron muchos errores, olvidamos, sin embargo, con demasiada facilidad que ninguna cultura se sostiene exclusivamente sobre la memoria del agravio. Un país puede sobrevivir al conflicto —ineludible por otra parte—, pero no a la ingratitud estructural que niega la herencia recibida.

Me explico: la memoria del sufrimiento es una condición necesaria de la justicia. Apunta a lo olvidado, da testimonio del dolor y denuncia la injusticia. Una de las tareas más nobles de la literatura consiste precisamente en recuperar la voz de los excluidos. La pintura, el cine o la fotografía nos permiten asomarnos a mundos desconocidos para nosotros y así adquirir mayor conciencia de los fustes torcidos de la humanidad. Ernst Jünger, que había participado en las dos guerras mundiales, empezó su famosa alocución en Verdún afirmando: «Me inclino ante los caídos».