© ideal.esEl deshielo del Gran Norte Blanco busca inundar los octavos de final
Hoy, en el césped del imponente escenario de Los Ángeles, la Hoja de Maple saltará al campo despojada de sus antiguos complejos. Por primera vez en su historia, Canadá se ha ganado el derecho a jugar una ronda eliminatoria de un Mundial. Lo hace, además, arropada por la mística y el orgullo de ser una de las anfitrionas del torneo, y con una novedad que hasta hace poco habría parecido un delirio de grandeza: asume los dieciseisavos de final con el cartel de favorita.
La metamorfosis canadiense no ha sido ningún accidente, sino el resultado de un crecimiento sostenido bajo la pizarra del estadounidense Jesse Marsch. El exmilitar de la factoría Red Bull ha dotado al equipo de una personalidad voraz, capaz de sobreponerse a las peores tormentas. Y es que el camino en el Grupo B no fue un paseo militar.
El torneo arrancó con las dudas de un empate 1-1 ante Bosnia y Herzegovina –rescatado por el siempre reivindicativo Cyle Larin–, pero explotó en una noche catártica con el histórico 6-0 sobre Catar.