3Foto© larazon.esContra el desvanecimiento de la memoria
Pero bien sabemos que esto no es así. Es obvio que por esta orilla por la que paseo o en esta roca donde dejo la toalla y la mochila antes del primer chapuzón, han paseado antes miles de personas, han dejado su toalla y su mochila; en otros tiempos, cuántas mujeres habrán despedido a un marido o un hijo que se adentraba en la mar en su txalupa para buscar el sustento.
También muchas playas han sido testigo de huidas desesperadas, como la playa guipuzcoana de Saturraran, desde la que en septiembre de 1936 salían pequeñas barcas en las que llegar a los vapores que esperaban ante los puertos de Ondarroa y Mutriku para embarcar a cientos de exiliados que huían de las tropas sublevadas rumbo a Francia.
Entre ellos se encontraba el sacerdote y antropólogo vasco José Miguel de Barandiarán. En sus diarios anotaba las peripecias para asegurar el regreso a casa de cuarenta niños que hacían un cursillo de verano en el Seminario Menor de Saturraran y que, debido a la guerra, no podían volver a sus familias.