© hoy.esEl bumerán de la guerra: la violencia común se dispara en Ucrania y Rusia
La guerra deja profundas heridas psicológicas en quienes la hacen. A menudo provoca traumas que alteran la personalidad o agudizan rasgos hasta entonces amortiguados. «Algunos pierden la cabeza», reconoce Ivan Hunchenko, comandante de una unidad de la Inteligencia militar de Ucrania, en cuyo seno la salud mental se ha deteriorado sustancialmente desde el inicio de la invasión rusa.
«La violencia engendra más violencia. Se va acumulando en el frente, donde los soldados son como una olla en cuyo interior crece la presión hasta que estalla. Y muchas veces eso sucede en un momento de calma», comenta.
Las largas rotaciones y la tensión constante durante cuatro años se cobran un alto precio emocional. La Organización Mundial de la Salud concluye que un 45% de los militares ucranianos que ha entrado en combate sufre síndrome de estrés postraumático. La población civil tampoco está a salvo. El constante peligro que provocan los bombardeos, la fatiga de la sirena antiaérea y las penurias que provoca la guerra disparan la depresión, la ansiedad y también la ira.