© canarias7.esDana White, el jefe del club de la lucha
Justin Gaethje destrozó al hispano-georgiano Ilia Topuria, que abandonó el jardín sur de la Casa Blanca roto y sin la corona del peso ligero. Pero el vencedor real de la noche no fue el luchador estadounidense. El auténtico ganador vestía traje y no sufrió un rasguño. Tuvo que poner, eso sí, 60 millones de dólares de su bolsillo para satisfacer el capricho de su amigo Trump en su 80 cumpleaños. Pero «es una estrategia de marca», justificó White, que se ha convertido en una de las figuras más poderosas del deporte mundial gracias a su circo de gladiadores del siglo XXI.
Nacido en el Manchester del estado de Connecticut en julio de 1969 en el seno de una familia de raíces irlandesas, padre ausente por alcohólico y madre trabajadora, el CEO de la UFC, empresa valorada en más de 12.000 millones de dólares, aprendió todo de un boxeador.
Peón de obra primero, portero de un bar irlandés después, y empleado como botones en el hotel Boston Harbor tras dejar dos veces la universidad, sólo tenía 19 años cuando se acercó al expúgil Peter Welch, dueño de un gimnasio local, en busca de los conocimientos necesarios para adentrarse en esta disciplina.