© hoy.esLos secretos inconfesables de la Iglesia
El Parlamento francés ha sido el último en atreverse a abrir el melón de acabar con el secreto de confesión de la Iglesia para situaciones graves como la pederastia eclesial, un debate muy delicado que reaparece de manera cíclica desde que la lacra de los abusos a menores explotara con toda su crudeza. El pulso entre el poder civil y el poder eclesiástico es tan viejo como la historia del cristianismo desde sus orígenes y se ha manifestado en numerosos episodios, en los que se entrecruzan las distintas esferas. Y ese enfrentamiento va a continuar porque ya se ha cruzado la línea roja.
Pero en este asunto, el Vaticano no va a ceder ni un milímetro, pese a que su posición afecte a su credibilidad en el lacerante dosier de los abusos, en el que la Santa Sede está haciendo grandes esfuerzos desde que Benedicto XVI y Francisco enarbolaran la bandera de tolerancia cero. Todo indica que Roma no va a renunciar a un fuero que considera sagrado, por encima de las legislaciones civiles, porque su legitimidad «la recibe de Dios».
Esta cuestión no es negociable para la Iglesia. Consciente del movimiento que se les viene encima, León XIV aprovechó su reciente discurso en el Congreso de los Diputados para abordar el tema y zanjar el debate.