© canarias7.esBallerini, el sprinter que mejor evita el peligro en Nápoles
La meta para el clásico sprint no estaba esta vez en la via Caracciolo, en obras, pensando en la seguridad de los ciclistas. Pero entre organizadores e instituciones eligieron el pavés de la Piazza del Plebiscito como juicio final de una etapa completamente llana en lo que toda la atención se centraría en esos últimos metros. Para acceder al icónico lugar partenopeo, el pelotón debía pasar tres curvas de 90 grados en el último kilómetro. Dos de ellas de adoquín húmedo en otra jornada afectada por la llovizna.
El desenlace era previsible. Y se cumplió. Caída. Todos los que pelearon por entrar bien colocados, se fueron al suelo. Groenewegen, Milan, Aular. Magnier se queda atrapado entre bicis y cuerpos caídos. Solo dos salen indemnes. Davide Ballerini, sprinter del Astana, 31 años, un tiarrón fuerte, de hombros altos, cuya mejor victoria hasta la fecha fue en una prueba de pavés. La Omloop de 2021 fue para él. Le sigue otro especialista en las piedras. Stuyven, gregario del taponado Magnier, se esfuerza por intentar superarle.
El final es de película. Al fondo, el agua mansa del golfo de Nápoles. Imagen potente, como si fuera ideada por Sorrentino, uno de los napolitanos de referencia. Pero el ciclismo no tiene guion. Nada se puede prever. Ni siquiera la primera victoria de un italiano en este Giro. «Hoy no estaba en los planes ganar. Hoy, el velocista designado era Matteo Malucelli y yo, intentaba darlo todo por él», confiesa Ballerini, al que Stuyven no ha podido meterle la rueda siquiera en otro accidentado final.